La mujer que soy
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El dulce mal



"Mañana". La palabra
iba suelta, vacante,
ingrávida, en el aire,
tan sin alma y sin cuerpo,
tan sin color ni beso,
que la dejé pasar
por mi lado, en mi hoy.
Pero de pronto tú
dijiste: «Yo, mañana...»
Y todo se pobló
de carne y de banderas.
Se me precipitaban
encima las promesas
de seiscientos colores,
con vestidos de moda,
desnudas, pero todas
cargadas de caricias.
En trenes o en gacelas
me llegaban -agudas,
sones de violines-
esperanzas delgadas
de bocas virginales.
O veloces y grandes
como buques, de lejos,
como ballenas
desde mares distantes,
inmensas esperanzas
de un amor sin final.
¡Mañana! Qué palabra
toda vibrante, tensa
de alma y carne rosada,
cuerda del arco donde
tú pusiste, agudísima,
arma de veinte años,
la flecha más segura
cuando dijiste: "Yo..."
Pedro Salinas



Fernando Pessoa
Sé que soy irritable, celoso, imperativo,
infeliz, exigente, que razones no escucho;
que siempre estoy buscándote querellas sin motivo;
¡y crees que no te quiero..y es que te quiero mucho!
Te busco, te regaño, y hago tu vida triste...
Serías más dichosa, por todos consentida,
si para mí no fueras cuanto en el mundo existe,
y si este amor no fuera todo el bien de mi vida.
¡Si tú me amaras, y si yo te amara,
cuánto te amaría!
Paul Geraldy

Todo lo que de vos quisiera
es tan poco en el fondo
porque en el fondo es todo,
como un perro que pasa, una colina,
esas cosas de nada, cotidianas,
espiga y cabellera y dos terrones,
el olor de tu cuerpo,
lo que decís de cualquier cosa,
conmigo o contra mía,
todo eso es tan poco,
yo lo quiero de vos porque te quiero.
Que mires más allá de mí,
que me ames con violenta prescindencia
del mañana, que el grito
de tu entrega se estrelle
en la cara de un jefe de oficina,
y que el placer que juntos inventamos
sea otro signo de la libertad.
Julio Cortazar



mucho menos las huellas
se fueron las palabras detrás
de una golondrina perdida
los ríos se llevan los sonidos
de todas las voces
el tiempo se esfumó en el tizón
de una hoguera apagada
medito en el rescoldo
de una columna quebrada
tal vez mi vida
sea la quimera de otra
viviendo
cuatro cuadras más abajo
de esta casa
que tampoco es mía
nada me pertenece
ni siquiera tu recuerdo
de ti /todo lo tuve prohibido
no pude robarle un tajo a la lujuria
ni sembrar un huerto
con la higuera de Ibarbourou
quedan las manos vacías
la mirada sin ojos
presintiendo el crepúsculo
donde sólo habitan fantasmas
que vienen hacerme compañía
y en esta orfandad sin reparo alguno
hasta el aire que respiro
se lo peleo al viento
Migdalia B. Mansilla R.
Fecha: al no pertenecerme.
Julio 08 de 2008